Ejercicio emocional.

Si quieres evitar una crisis personal, lo mejor que puedes hacer es aprender a utilizar tus emociones. Presta mucha atención a las siguientes reflexiones y luego analiza el grado en que estás lidiando erróneamente con las cosas que sientes.

 

1. No escapes a tus emociones, no las niegues, no pretendas que no existen, no las ignores.
Hacer esto te llevará a una acumulación emocional que jugará en contra tuya a largo plazo.
Verás, tus sentimientos son una reacción a la forma en que decides vivir cada momento de tu vida.
Las emociones no son algo espontáneo, tú decides cómo vivir cada situación que experimentas y son reales y necesarias porque tú mismo las creas y te guías por ellas.
El primer paso, como un muchas ocasiones, es la aceptación.
Acepta tus emociones.
Si no lo haces, siempre estarán en contra tuya, hasta que decidas reconocerlas.

2. No trivialices las emociones, no huyas de su significado.
Tus emociones tienen una función muy importante.
Ellas te permiten ubicarte de una manera rápida (y la gran mayoría de veces, precisa) en tu entorno.
Las emociones funcionan como un sistema de alerta que te señala los peligros, las oportunidades y las acciones que debes emprender para alcanzar tus objetivos.
Además, te indican las cosas que son beneficiosas o delicadas para ti, incluso cuando no tienes una percepción clara de algo o de alguien.
 Y por favor, no pienses que tus emociones son algo malo o que están equivocadas, no las juzgues de antemano.
Las emociones negativas te muestran que algo que estás haciendo no te satisface o que no funciona para ti.
Puede ser un problema de enfoque, de actitud, de estrategia o simplemente de satisfacción personal. Tal vez te estés comunicando de manera equivocada con los demás, o quizás estés percibiendo las cosas del modo que no son.
Así que en lugar de pensar que las emociones son un obstáculo, reconoce el sentido que tienen para ti.


 


3. No racionalices tus emociones, pues siempre encontrarás una justificación para cada una de ellas.
Tu mente hará hasta lo imposible para convencerte de que lo que sientes en un momento dado (rabia intensa, indiferencia, desazón) es totalmente aceptable.
Créeme, incluso la emoción más perjudicial para ti y para los demás, puede escudarse detrás de un argumento fabricado por tu mente.

4. No permitas que las emociones inunden tu vida.
No contengas tus emociones porque en un momento dado estallarán y acabarán con todo a su paso; pero tampoco las dejes sueltas, porque desbordarán tu vida.

 5. Las emociones no son reacciones automáticas.
Tú eres su diseñador, tú las creas, tú las expresas y tú eres quien recibe sus efectos.
No hace falta que vivas ciertas experiencias para sentir las cosas que siempre has querido sentir.
No tienes que alcanzar un punto específico en tu vida para sentirte feliz, amado, seguro, confiado, etc.
Tampoco tienes que esperar a que alguien aterrice en tu vida para que finalmente puedas permitirte sentir ciertas cosas.


Esos logros personales e interpersonales son una ilusión que hacen que tú te des permiso para sentir algo.
Pero si entiendes que son una ilusión, ya no los vas a necesitar.
Te puedes dar permiso de sentir lo que quieras, cuando quieras.
Puedes sentirte como quieras sin tener que esperar a que pase algo o alguien.
Tampoco necesitas una razón.
Sentirte bien es tan sencillo como tomar una decisión.
Cuando comprendes que puedes sentirte como se te antoje porque puedes crear y dirigir los efectos de tus emociones, obtienes un poder incalculable.
De hecho, obtienes el ingrediente principal de la receta perfecta para motivarte.


 Como utilizar las emociones para tu propio beneficio: 

Ejercicio práctico de simulación mental:



 

 Para comenzar, quiero que apagues el televisor, la radio y la música del computador. Si es posible, cierra el chat y apaga el celular. Si estás en tu habitación, cierra la puerta y pide que no te interrumpan. Si no, busca un lugar en el que puedas estar tranquilo. 

Elimina todas las distracciones posibles y adopta una posición cómoda. Comienza a respirar lenta y profundamente.

Primero que todo, sigue las recomendaciones anteriores: No busques excusas, no ignores, no intensifiques las emociones. Tómate un momento para prestar atención a lo que estás sintiendo en este momento. Ponte a pensar en qué es lo que está pasando por tu mente y por tu cuerpo. Cuestiónate. No tomes nada por sentado. Pregúntate qué estás sintiendo realmente y por qué. Lo que quiero que hagas es que identifiques plenamente la emoción en la que quieres trabajar.

Busca emociones alternativas, tal vez se trate de algo más. Por ejemplo, quizá estés disfrazando un sentimiento de tristeza con rabia o malgenio. Rastrea la raíz de tus emociones y trata de hacerte una imagen clara de lo que estás sintiendo. Si es posible, busca la causa de tu emoción. 

¿Estás reaccionado a un evento pasado, uno futuro o uno inventado en tu cabeza?

Si son muchas emociones a un tiempo, enfócate por ahora en la más fuerte (luego podrás repetir el ejercicio con las demás)

 Continúa respirando profundamente.
Respira despacio y trata de inhalar la mayor cantidad de aire posible.
Seguramente te inundarán pensamientos de todo tipo.
Déjalos pasar.
No trates de removerlos de tu conciencia, tampoco te detengas en ellos.
Imagina que estás sentado en una plaza o un parque y actúa como si esos pensamientos fueran transeúntes que pasan frente a ti. Los ves pasar pero no les prestas atención.
No cierras los ojos pero tampoco les sigues con tu mirada.
Simplemente pasan.
Aparecen y desaparecen fácilmente.

Una vez que puedas concentrarte de nuevo en tu emoción, trata de verla desde todos los ángulos posibles.
Imagina que la escultura central de un museo y que puedes hacer lo que quieras con ella.
Te paseas alrededor de ella, la tocas, la hueles, la saboreas, la miras desde diferentes puntos.

Haz que la emoción sea para ti algo interesante y curioso: Cuando te desprendes un poco de tu emoción y la imaginas como una escultura, la dominas mejor.

Dale una forma específica a la escultura.
Si es una emoción como la ansiedad, por ejemplo, puedes darle una forma puntiaguda.
Tal vez la veas como un animal que represente ese sentimiento (un koala o un oso perezoso pueden significar indiferencia o depresión), o tal vez imagines algo tan simple como una esfera o un cubo.
Ahora, dale una textura (si es una emoción negativa, su textura podría ser rugosa, por ejemplo) y luego imagina una temperatura. La escultura puede estar muy caliente (como cuando tenemos los nervios de punta), o puede estar tan fría como un cubo de hielo.

 Después, asígnale un color a la escultura.
Los colores fuertes e intensos puedes utilizarlos para las emociones que son muy fuertes, como la alegría o la ira.
Los colores pastel pueden ser emociones más débiles o más ambiguas.
Por ahora, intenta pintar la escultura de un mismo color, así resultará más fácil el ejercicio de visualización.
Finalmente, imagina un olor para esa escultura.
Puede ser un olor dulce, penetrante, suave, etc. 
Si es posible, piensa también en un sabor.
Imagina que esa emoción puede saborearse.
Posiblemente, la ansiedad será amarga, la depresión será insípida y la ira será picante.

 

 También puedes imaginar un sonido, pero no te recomiendo darle un sonido a tu escultura porque pueden distraerte un poco.
Esto es porque podemos taparnos la nariz, cerrar los ojos y apartar el tacto o el gusto; pero es muy difícil dejar de escuchar algo.
Por más que nos tapemos los oídos con las manos, el sonido es algo que siempre está presente, y es el estímulo sensorial más difícil de controlar.
Así que por ahora, centrémonos en las otras sensaciones de tu emoción.

 Perfecto. Ahora pregúntate qué tipo de estímulo sensorial es más fácil de controlar para ti.
Tal vez seas una persona muy visual o tal vez sientas que las texturas son más fáciles de controlar con tu mente.
Puedes elegir una o varias sensaciones sensoriales, pero tendrás que centrarte solo en una en cada momento.
Bien, lo que quiero que hagas es que modifiques la escultura a tu antojo.
Selecciona una característica y auméntala o disminúyela según lo que quieras sentir o controlar.

 A modo de ejemplo, agarremos una escultura del enojo y juguemos con ella.
Después de todo, nosotros somos sus creadores (nosotros fabricamos nuestras propias emociones) y podemos hacer con nuestras esculturas lo que queramos.
No tenemos límites.

Entonces, siguiendo con el ejemplo, vamos a suponer que nuestra escultura del enojo es un perro rabioso muy grande, digamos que mide tres metros de alto.
Pero no queremos estar tan enojados, no es sano para nosotros.
Así que vamos a imaginar como la escultura se va haciendo cada vez más pequeña.
Hagamos que mida sólo un metro. Ahora estaremos un tercio menos enojados.
Pongámosle sonido e imaginemos que el perro está ladrando muy fuerte (después de todo, está enfadado).
Después, visualicemos un trozo de carne .

Vamos a lanzarle el trozo de carne al perro y así haremos que deje de ladrar.

Luego, acerquemos nuestras manos a la escultura.
Toquemos al perro rabioso, tiene la piel áspera y está muy caliente porque está malhumorado.
Vamos a acariciar al perro y vamos a sentir cómo en nuestra imaginación el perro rabioso se va calmando.
Su pelo se va suavizando, sus colmillos se esconden y su cuerpo tiene una temperatura más agradable.
Hagamos que agache las orejas, y que se sienta feliz.
Ahora, nuestro perro rabioso está mucho menos enojado.
Nuestra emoción, nuestro enojo, ha disminuido.
Tal vez no somos tan poderosos como para hacerla desaparecer, pero por lo menos hemos suavizado sus efectos.

Perfecto. Ahora tu mente se sentirá más capaz de controlar tus emociones.
Haz este ejercicio con frecuencia y verás cómo te mente se hará cada vez más fuerte y capaz para dominar tus emociones y sentimientos.
No te preocupes si al principio te cuesta seguir el ejercicio.
Con la práctica mejorarás mucho.


tucambioesahora.blogspot.com.

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